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Las voces de la conciencia - Marc, para Solo Moda.

Desde pequeños escuchamos eternos cuentos sobre la voz de la conciencia a la que siempre debemos escuchar para ir por el camino del bien y alejarnos del mal. A veces venía en envase pequeño, y a veces venía en un envase regular no-retornable al que probablemente llamábamos "mamá" (o su equivalente para los que tienen trágicas historias bajo el cinturón). El tema es que crecemos, evolucionamos, y empezamos a ver el mundo desde otras perspectivas, y empezamos a encontrar obstáculos con tentadoras formas que hacen que mandemos a la voz de nuestra conciencia a revisar la lista de modelos del último show de Donna Karan para poder portarnos mal.

Yo creo que con la moda a veces nos pasa lo mismo. ¿No estuvieron mirando una prenda o accesorio tremendamente tentador sabiendo que su conciencia gritaba que no sería un movimiento sabio entrar y afilar la tarjeta de crédito para llevarlo a casa? A mí me costó darme cuenta qué (o quiénes) eran esas voces. A veces era la gente que pasaba por el shopping, quienes seguramente no usarían eso nunca. Pero uno lo descarta, porque si fuéramos siguiendo a la mayoría, ahora estaría usando unos jogging Kappa (marca que quedó estigmatizada por estos lados, pero estoy seguro de que es relativamente respetable como outdoorsy-sporty en el resto del globo) y una gorrita faux-Nike comprada en una estación de trenes.

¿Entonces quién es el Pepe Grillo de nuestra conciencia a la hora de tomar decisiones? Yo creo que, en el caso de nosotros, los más inseguros en momentos críticos, son la fashion police. Esos gurús de la moda á la Miranda Priestly (¡Meryl Streep en The Devil Wears Prada!) que están en las revistas de moda de nuestra elección, o en nuestros canales de moda favoritos de la televisión, o esa amiga que estudia diseño de indumentaria y en veinte segundos clasificó mentalmente tu outfit entero en colecciones de temporada. El problema es que, como cualquiera que haya visto a la Fashion Police de E! Entertainment Television en las épocas de los grandes premios, ya sean los Golden Globes o los Academy Awards (los Oscar para los que recién se nos unen al mundo de la adoración norteamericana de este siglo), los gurús nunca se ponen de acuerdo: ahí donde el fotógrafo de moda adora la textura y el color, el diseñador detesta la forma mientras la comentarista de la farándula defiende a muerte la elección de bijouterie que está atacando cruelmente el estilista del momento.

Y ahí es cuando las voces de la conciencia hacen tanto ruido que la decisión termina siendo enteramente nuestra. Una responsabilidad que cae sobre nuestras delgadas espaldas que no queríamos, pero nadie se pone de acuerdo. Es hora de que nos demos cuenta de que es realmente así: la moda no está ahí para complacer a todos, no es algo que tiene que ser universalmente adorado u odiado. Algo universal pierde su status de stylish, de fashionable. La moda tiene que ser única, y si te hace sentirte y verte bien, espero que lo haga lo suficiente como para que puedas alzar el mentón cuando pases junto a alguien a quien no le gusta.

La moda no es complacer a todos, es shockear a la mayoría.

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